Banner Granero
TDJ
Solgar
PKM
Facebook Twitter Youtube
Sigue a Ecocentro en las redes sociales

Ecocentro

Qué es Ecocentro

Nuestra filosofía

Ecocentro es un multiespacio creado en 1993, dedicado íntegramente a la vida alternativa y natural, al cuidado del ser humano y del planeta, siendo un establecimiento pionero de estas características en nuestro país, único en su género que, por la amplitud y calidad de sus servicios, destaca como punto de referencia para la promoción de la salud y la calidad de vida, y convierte a Madrid en una de las pocas ciudades del mundo dotadas de un lugar así, con la constante inquietud de ofrecernos las últimas novedades relacionadas con un estilo de vida saludable y respetuoso con el medioambiente.

Consta de diversas secciones agrupadas en un mismo espacio:  Restaurante Gourmet, Restaurante Bio-Bufé, Multi-Tienda Natural con alimentación ecológica, herbolario, cosmética y bazar, Bio Fresco, Librería Nueva Conciencia además dispone de numerosas salas en las que organiza conferencias y talleres gratuitos, clases y cursos, presentaciones de libros, cinefórum…un sinfín de actividades relacionadas con el bienestar.  También publica una agenda mensual propia y dispone de Alojamientos Rurales en Cáceres y León.  

El objetivo del equipo humano que compone Ecocentro es proporcionarte las herramientas adecuadas para que puedas encontrar el equilibrio contigo mismo y con tu entorno,  conscientes de que sólo el desarrollo de nuestro pleno potencial como seres humanos será capaz de crear un futuro mejor.

¡Bienvenidos!

La alimentación ecológica

Consideramos alimentos biológicos a todos aquellos que no contienen pesticidas, ni aditivos ni sustancias transgénicas, y que evitan la degradación del medioambiente ayudándonos a preservar nuestra salud.

Sabemos que la agricultura convencional utiliza numerosos productos para matar insectos, evitar plagas y eliminar plantas indeseables que crecen junto a los cultivos, además de combatir con ellos las enfermedades y alterar los ritmos de crecimiento. Todos estos productos, lejos de resultar inocuos para nuestra salud, nos perjudican gravemente, aunque sean ingeridos en dosis mínimas.

La agricultura biológica no presenta estos peligros de toxicidad, ya que no utiliza productos contaminantes ni semillas transgénicas. La ausencia de agroquímicos permite asimismo respetar los ciclos naturales de las plantas, eliminar los aditivos y preservar la riqueza en nutrientes de cada producto. En el caso de los cereales integrales, esenciales en la dieta por su alto contenido en fibras y minerales, la exigencia de que sean biológicos es incontestable, ya que los pesticidas se adhieren a la cáscara exterior, pudiendo resultar en tal caso más peligrosos que los cereales refinados. 

En suma, con la agricultura biológica recuperamos el verdadero sabor de los alimentos y éstos se conservan mejor que los productos tradicionales, pese a que carecen de cualquier tipo de aditivo.

La protección del medioambiente

Mientras que los elementos químicos matan la vida microbiana, está ampliamente demostrado que utilizar compost como base para la fertilización enriquece nuestros suelos y les permite funcionar como medios adecuados para la conservación de la vida de los microorganismos. Además, al fertilizar la tierra de este modo frenamos la desertización, favorecemos la retención del agua y no contaminamos los acuíferos. El compost permite también mantener sanos los hábitats de los animales silvestres, favoreciendo la conservación de numerosas especies. 

Pero el compost aporta aún mayores ventajas: no sólo no contamina, sino que contribuye de manera eficaz a la limpieza del aire, del agua, del suelo, de la flora y de la fauna terrestres, hoy envenenados por la agricultura y la ganadería intensivas. Se ha calculado que en un alimento no biológico, para obtener una caloría necesitamos gastar en producción, preparación y transporte al menos 10 calorías procedentes de fuentes no renovables. Semejante desequilibrio es a largo plazo muy peligroso e impide un desarrollo sostenible. Todo lo contrario de lo que ocurre con los productos biológicos, que contribuyen al ahorro energético y al reciclaje.

Una economía más justa

Está comprobado que a largo plazo, los productos biológicos no resultan más caros para la economía familiar. Según datos oficiales, un 60 % de las enfermedades degenerativas están relacionadas con la alimentación inadecuada. Por lo tanto, el consumo generalizado de alimentos biológicos supondría un enorme ahorro tanto para las familias como para los gobiernos, con la consiguiente merma de enfermedades y bajas laborales. Los alimentos biológicos, además de proteger la salud familiar, poseen un contenido en nutrientes por unidad de peso superior al de los productos convencionales, lo que les permite cubrir mucho mejor nuestras necesidades.

La agricultura biológica se complementa con el desarrollo de una nueva industria alimenticia, que elabora alimentos sanos y nutritivos que nada tiene que ver con los modernos productos desnaturalizados. Los aditivos de síntesis, utilizados por la industria convencional, no tienen otro objetivo que el de permitir al almacenamiento indefinido de los productos y ocultar la ausencia de sabor y la mala textura de los alimentos obtenidos mediante procedimientos artificiales, generalmente comercializados en lejanos países y traídos a los puntos de venta mediante costosos transportes que agotan nuestras reservas y contaminan el ambiente. La consecuencia es una economía insolidaria, un desarrollo no sostenible y el fomento entre la población, y especialmente entre los más jóvenes, de hábitos innecesarios y malsanos.

El vegetarianismo

Estamos convencidos de que el vegetarianismo constituye la dieta natural del ser humano y la que mejor se adapta a nuestras necesidades. Una dieta vegetariana variada aporta todos los nutrientes necesarios para una vida plena, saludable y vigorosa.

El vegetarianismo debe luchar contra numerosos falsos mitos implantados por voces interesadas. Nadie puede discutir que el reino vegetal nos proporciona todos los aminoácidos necesarios para construir las proteínas, así como la cantidad adecuada de minerales, vitaminas y oligoelementos. En una dieta vegetariana equilibrada, no existe carencia alguna de proteínas de ningún tipo. Por el contrario, todos los estudios demuestran que el vegetarianismo bien practicado evita numerosas enfermedades crónicas asociadas al estilo de vida occidental y al consumo indiscriminado de grasas animales y productos refinados, entre las que destacan por su alta incidencia las enfermedades coronarias y circulatorias, la obesidad, el estreñimiento, la osteoporosis y un largo etcétera.

Pero aún hay más. Los que practican una dieta vegetariana contribuyen a la solidaridad internacional de manera activa, ya que el consumo de carne y productos animales aumenta notablemente la distancia entre el mundo desarrollado y el mundo pobre. Un terreno cultivado con cereales o legumbres puede dar de comer a muchas más personas que si éstas optan por comer animales criados en esos pastos; por eso, en los países en vías de desarrollo existen extensas áreas cultivadas que tan sólo sirven para alimentar al ganado que más tarde comeremos en los países ricos, mientras la población local sufre hambre.  Las cifras son elocuentes: de cada 7 unidades de alimento que proporcionamos a una vaca, sólo una de ellas se aprovecha, mientras que las otras seis se pierden al ser metabolizadas por el animal. Un derroche intolerable en un mundo donde el 20% de la población pasa hambre.

Con el vegetarianismo evitamos el sacrificio inútil de animales. Una dieta vegetariana es ética y justa. Para comprobarlo, basta recordar que cada año, mil millones de animales son sacrificados para convertirse en comida. Lo que normalmente no se cuenta es que detrás de estas impresionantes cifras se esconden seres vivos con plena capacidad de experimentar dolor y bienestar y  que son objeto continuo de abuso y maltrato por parte de la especie humana, criaturas que sienten y merecen respeto, animales convertidos en meros eslabones de una cadena productiva insolidaria y ciega ante el dolor, cuyas necesidades más básicas son ignoradas sin que quepan excusas que justifiquen nuestro comportamiento.

Por último, el vegetarianismo nos ayuda a preservar el medioambiente. Según la FAO, existen tres animales de consumo en el planeta por cada ser humano. Los desechos emitidos por semejante cantidad de animales suponen una enorme contaminación para el planeta: el ganado ensucia y agota las aguas y la tierra y libera gases que contribuyen al efecto invernadero, como metano y CO2. Además, la constante búsqueda de nuevos pastos aumenta decisivamente la deforestación. Y estos inconvenientes no sólo se presentan en el ganado terrestre, sino que incluyen al pescado, ya que la pesca indiscriminada está acabando con la vida marítima y las piscifactorías resultan muy contaminantes. Y todo ello sin olvidar que el consumo que los animales realizan de agua y combustibles fósiles es inmenso: casi la mitad del agua consumida en la tierra va destinada para el ganado o para regar sus pastos.

En muchos países desarrollados, ser ecologista implica ser vegetariano. Ecocentro se suma a esta perspectiva de respeto por la salud individual y planetaria. La apuesta por el vegetarianismo es sólida y posee argumentos contundentes que todavía no han sido suficientemente explicados a la sociedad.

Compartir en: